La muerte de Benoit Violer, chef Suizo de 44 años que se suicidó hace una semana, sacudió al mundo culinario. Violer estaba en la cúspide de su carrera y su exclusivo Restaurant de l’Hotel de Ville, en Lausanne, Suiza, tenía una puntuación top en la prestigiosa guía Michelin.

 

El año pasado, La Liste, una guía de rankings de restaurantes del gobierno Francés, lo nombró el mejor chef del mundo y su inexplicable muerte fue precedida por la del famoso chef de Chicago Homaro Cantu, que se suicidó en abril pasado y la del francés Bernard Loisueau, que se disparó en el 2003.

 

El mundo culinario, conmocionado, señaló a la industria gastronómica y reclama que no hace lo suficiente para enfrentar el tema de la salud mental de quienes hacen parte de ella y están en un ámbito exigente, crítico, de intensa presión y perfeccionista.

 

La Real Academia Española define al perfeccionismo como la “tendencia a mejorar un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”. Para los jóvenes esto es un arma de doble filo porque quieren hacer bien las cosas, pero ¿cuál es el punto de quiebre?, ¿cuándo parar?, ¿cuál es el límite?, ¿cuándo sentirse satisfecho y celebrar por ello? El chef Benoit Violer tenía el mundo en sus manos, sin embargo, ser el mejor no fue suficiente para él.

Estamos en tiempos de alta competitividad en los que se premia el éxito, especialmente en lo académico y lo laboral, y se necesita mucha sabiduría y fortaleza interior para transitar en medio de tanta exigencia. Respecto al tema, se reciben con frecuencia mensajes contradictorios y de manera simultánea los gurús espirituales proclaman que vivamos el aquí y el ahora, valorando el proceso sobre el resultado.

 

Hay mil cosas en la vida que no podemos controlar, pero sí nuestra nuestra actitud. Lo que enfocamos, el significado que le damos y las emociones que surgen a raíz de ese significado, determinan la calidad de nuestra vida. Yo crecí en un hogar donde las exigencias eran altas y las expectativas lo eran aún más, pero hoy como mamá de un niño pequeño me cuestiono todo, porque yo quiero que sea buena persona, que le vaya bien y que sea exitoso, pero no a costa de su felicidad o de abandonar sus sueños en función de mis exigencias y expectativas de la sociedad.

 

La pregunta es entonces, ¿cómo encontrar el delicado balance entre vivir, perseguir sueños, crear, tener éxito, ganar y disfrutar el día a día?, ¿cómo  lograr el delicado balance entre ser competitivos y ser compasivos, empezando por la autocompasión? La vida es corta y se pasa rápido, pero aunque la mayoría de las personas anhelamos ser felices, no nos apropiamos de esto al momento de tomar decisiones, así que las preguntas obligadas son ¿qué precio le ponemos a nuestra felicidad?, ¿estamos dispuestos a regalarla así no más? Pensando en el chef Violer y en tantos jóvenes y personas como él, en mi familia, en mi hijo, yo me pregunto: ¿qué ajustes debo hacer en mi actitud para ser más feliz?, ¿por qué o por quién puedo dar gracias hoy en mi vida?, ¿cómo puedo darme cuenta que agradeciendo lo que tengo y lo que he logrado en la vida, me ayuda hoy a vivirla sonriendo y feliz?

 

Tendremos más sobre esto la próxima semana…

 

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