Este fin de semana mi esposo y yo visitamos la Fundación Evolución del Pensamiento que está ubicada en la vereda de Alto Picacho. Nosotros nos vinculamos hace aproximadamente 4 años con la fundación de la cual son creadores, Dora y Marino, quienes acogieron a los niños de la zona y de los barrios aledaños como San Cristóbal, Jalisco, Doce de Octubre, Paraíso y San Pedro; para brindarles un espacio tranquilo donde reciben formación en valores y pueden estudiar, aprender, jugar, comer y ser niños.

Cuando fuimos a la fundación por primera vez cargados de “donaciones”, pensamos que nosotros íbamos a “obsequiarles” a ellos. Pero ese día comprendimos que para nosotros es un privilegio haberlos conocido y un regalo muy grande que ellos hayan entrado en nuestras vidas.

Los niños de la fundación vienen de familias que viven en condiciones precarias y que no tienen muchas cosas materiales. Pero lo que les falta en objetos les sobra en la belleza de sus corazones, en la alegría sincera con que te dan la bienvenida cuando los visitas, en la gratitud y absoluta felicidad con la que aprecian cualquier cosita que reciben, en la tranquilidad que demuestran cuando la ropa y los juguetes no alcanzan para todos, en la seriedad con la que toman las responsabilidades en la fundación y en el respeto con el que hacen todo. Les aseguro, como mamá que soy, difícilmente encontrarán niños más educados en Medellín.

Ayer nos recibieron como siempre, con besos sinceros, abrazos llenos de cariño y con cartas hermosas en compañía de canciones inspiradoras por motivo de mi cumpleaños ¡Que está muy cerca!


Fue un día maravilloso en la fundación de donde siempre salimos cargados de la mejor energía. Ésta es la mejor recompensa de lo que hablamos anteriormente: “Contribuir”, devolver a la sociedad y ser parte de algo más grande que uno mismo. En cuanto a los valores, este es un gran ejemplo de cómo pueden transformar nuestras vidas. Padres, no olviden sembrar valores y respeto en sus hijos porque finalmente, ellos algún día van a volar, serán personas completas y tomarán sus propias decisiones.

Siempre vamos con nuestro hijo a la fundación y allí ha aprendido a valorar y a comprender que no todas las familias son iguales, ha aprendido a dar gracias por la suya y por las oportunidades que la vida le ha dado, pero sobre todo, puede ver con sus propios ojitos que muchos niños como él viven en la pobreza y en la carencia, sin embargo no se quejan y son felices. Ha aprendido a compartir y a desprenderse de sus cosas con facilidad porque entiende que la felicidad es absoluta cuando uno puede darle al que lo necesita, más que uno mismo ¡Todos hemos aprendido a valorar y a ser agradecidos! Para nosotros como familia ha sido uno de los aprendizajes y una de las mejores bendiciones que hemos recibido.

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