En estos Juegos Olímpicos más allá del talento deportivo de los atletas, pudimos presenciar historias de grandes personas que con su dedicación, amor y perseverancia lograron conseguir sus sueños y alcanzar más que una medalla. Sus lágrimas nos mostraron la entereza de su corazón y conmovieron a todo el planeta.

La igualdad, las declaraciones de amor sincero y la aceptación reinaron en estas justas que a pesar de ser una competencia, sirvieron como ventana para mostrarle al mundo que ya estamos listos para simplemente querernos tal y como somos. Hoy quiero destacar 5 de las tantas historias que hay por contar. Cada ser humano es un guerrero que libra una batalla, una batalla con sus miedos, con sus metas, con sus sueños y muchas veces lanzamos juicios de valor sin pensar que podemos lastimar una ilusión, por eso este artículo es el vehículo para resaltar el orgullo que siento al ver que esta sociedad puede simplemente convivir, aceptar y jugar con esos demonios en completa armonía.

Empecemos con la judoca Rafaela Silva, una joven de origen muy humilde, fue criada en la “Ciudad de Dios”, una comunidad de bajos recursos situada a menos de 10 kilómetros del Parque Olímpico, esta joven luchadora y soñadora brasileña le dió a su país la primera medalla de Oro en los juegos Olímpicos de Río 2016.  Las oportunidades se buscan, y esta deportista es la prueba de ello, logró demostrarle al mundo que el destino de una persona que se crió en una favela no es la violencia, ni las drogas. Ella demostró, que la disciplina puede ser un valor fundamental en la vida.

Les tengo el ejemplo perfecto para seguir hablando de marcar diferencias y romper estereotipos, Teresa Almeida,  guardameta de balonmano de Angola, demostró en esta justa de cuerpos esculturales, que su talento va más allá de tener las medidas perfectas, su manifiesto es precisamente ese “no hay una norma olímpica cuando se trata del cuerpo de una atleta”. Esta mujer de un metro 70 y 98 kilos se llevó todos los aplausos de su hinchada con su gran carisma, el reconocimiento más valioso para una mujer que vale oro.

Ahora démosle paso al amor con estas dos historias, muy diferentes pero que en esencia resaltan el valor más importante para nosotros, quién no ha emocionado con un buen beso o no ha suspirado al recordar a un ser amado. Pues bueno estas dos deportistas nos mostraron que los Juegos Olímpicos pueden ser también una pista para que el amor se declare libremente. En la final del rugby femenino, la mayor ovación no fue para los medallistas, sino para las brasileñas Marjorie Enya e Isadora Cerullo, que protagonizaron la primera propuesta de casamiento gay ante el público de los Juegos Olímpicos en el estadio de Deodoro. Por otro lado, la británica Charlotte Dujardin mientras levantaba su segunda medalla de oro en hípica, su novio, Dean Wyatt Golding, hacía lo mismo con un cartel en el que podía leerse: ¿Te vas a casar conmigo ahora?”. Las cámaras persiguieron a la pareja y Golding, por supuesto, aceptó.
Por último quiero hablar de un tema muy importante en la vida de un ser humano, “la derrota”. En ocasiones nos castigamos a nosotros mismos por sentir que perdimos, y no podemos ver que de esta experiencia pueden nacer los mayores aprendizajes de la vida. La derrota solo sería un fracaso si no aprendes, si no sientes y construyes con eso algo para tu futuro, y en estas olimpiadas, el tenista serbio Novak Djokovic, demostró que más allá del orgullo o de colgar una medalla, su corazón está lleno de bondad y de alegría, al salir agradecido con el público por el apoyo que le brindó, aun después de perder ante Martín del Potro.

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