1. Desconocerte: Vivir desde el “deber ser”, desde los mandatos y las creencias desconocidas para ti porque habitan en tu inconsciente, sin saber quién eres realmente.

     

    Solución: Empieza a mirar hacia adentro.

     

  2. Preocuparte por la opinión o las expectativas de los demás. Las personas siempre van a querer que hagas lo que les parece mejor para ti. Algunos, como tus padres, lo harán con las mejores intenciones. El resto tendrán o no intenciones cuestionables.

     

     

    Solución: Respeta a tus padres, a tu religión y a tu comunidad, pero recuerda que solo tienes el hoy y el ahora. Escoge bien a tu compañía. Aléjate de las personas tóxicas y de su mala energía. Al final del día ¡es tu vida y la única opinión que importa es la tuya!

     

  3. Redes sociales: Los jóvenes están aprendiendo a valorarse de acuerdo a la cantidad de likes que reciben. En el mundo virtual se pierde la diferencia entre lo auténtico y lo ficticio y todos se comparan con la perfección irreal que ven en los medios. En una cultura obsesionada por la imagen, la apariencia pasa a ser el factor determinante y casi total de la identidad de las personas – por encima de otros aspectos como sus experiencias, talentos, logros y la calidad de sus relaciones. ¡Grave!

     

     

    Solución: No te hipnotices. Compararte con otros y definir tu identidad solamente por una de las muchas facetas que hacen a tu persona es la peor manera de sabotearte. Cree en ti porque eres único y especial. Todos los somos. Repite todos los días: “Soy un ser de luz, único y especial, y nací para amar y para ser amado”.

     

  4. Querer ser perfectos: La perfección es un ideal inalcanzable. Si te dedicas a perseguir lo inalcanzable vivirás lleno de ansiedad, estrés, angustia, insatisfacción, culpa, rabia y todas esas emociones tóxicas que llevan a la enfermedad mental y física.

    Repítelo todos los días: “La perfección no existe y me equivocaré mucho. Lo acepto”.

     

  5. Tu peor enemigo: Tú mismo cuando te enfocas (y crees) en toda la basura que hay afuera y adentro de tu cabeza. El saboteador interno, el ego, la voz crítica que aparece cada vez que estas por hacer algo grande que te sacará de tu zona de confort; y todo lo tóxico que no te pertenece pero que te contamina si lo permites: las expectativas de los demás, las cucarachas del otro y la basura que ves en los medios y en las redes.

     

     

    Solución: Apaga el ruido. Respira. Mira hacia adentro. Cree en ti.

Para concluir, no te compares con el otro y no dejes de creer en ti nunca. Si hay ganas siempre hay una manera de lograrlo. Cada uno de nosotros es único y especial. Amémonos y apoyémonos con nuestras diferencias. Seamos seres humanos.

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