Todos queremos hacer cambios en nuestras vidas, tenemos sueños y metas que queremos lograr. Sin embargo, parece que tomamos la decisión de hacer algo y la vida se nos “atraviesa”, en la forma de un problema o una distracción, y ahí perdemos nuestra energía y enfoque. Es fácil culpar a otros y/o llenarte de excusas sobre porque no consigues lo que quieres. Pero tú eres el único responsable de tu éxito o fracaso; son tus decisiones y lo que haces día a día lo que determinan tus resultados.

Hoy te comparto unos consejos para mantenerte enfocado. Una vez los interiorices y se conviertan en hábitos para ti, nada te será inalcanzable.

A. Usa las palabras adecuadas

Nuestras palabras le dan forma a nuestra realidad. Por lo tanto, hay ciertas palabras y pensamientos que puedes cambiar para ayudar a mantenerte enfocado en tus objetivos.

1. Cambia la “o” por la “y”

Este año te prometiste ir al gimnasio. Empezaste hace unas semanas, estás cansado y no has visto resultados todavía. Mañana tienes planeado ir, pero a último momento tus amigos te invitan a comer. Tu cerebro está tomando decisiones permanentemente, entonces te dices a ti mismo: “¿Voy al gimnasio O mejor salgo con mis amigos?” Inconscientemente,  tu mente te está diciendo que debes elegir, y lo más probable es que optes por la opción que más placer te traerá. La condición humana siempre nos lleva a buscar el placer y evitar el dolor. La mayoría de las personas, ante esta situación elegirá salir con sus amigos. Sin embargo, si cambias el “o” por la “y”: “Hoy voy a ir al gimnasio Y a salir con mis amigos”, inconscientemente, empezarás a buscar la forma de hacer ambas cosas hasta que se convierta en un hábito de vida.

2. Cambia el “tengo” por “debo”

En general, no nos gusta que nos impongan las cosas; cuando alguien nos dice que tenemos que hacer algo, pareciera que un circuito cerebral se daña, creando rechazo y dificultándonos hacer la tarea. Lo mismo sucede cuando nos damos órdenes a nosotros mismos. No es lo mismo decirme: “Tengo que ser más disciplinado” (una orden u imposición), que: “Debo ser más disciplinado” (es mi elección). Cuando hacemos las cosas por elección propia (o así lo creemos), las hacemos mejor y más felices.

3. Cambia el “no puedo” por “no quiero”

¿Has notado como cambia tu energía cuando te dices que no puedes o que no eres capaz? Cada vez que dices esto, te debilitas y te alejas de tus metas. La clave está en ser consciente de que al “no querer” o “querer” estamos eligiendo por nosotros mismos. Por ejemplo, tus amigos del trabajo te invitan a tomar algo. No es lo mismo responder: “No puedo, tengo que ir al gimnasio” (obligación impuesta, casi un castigo), que: “No quiero, voy a ir al gimnasio”. Cuando tú eliges te empoderas. Cambiando tus palabras construyes d tu realidad.

B. Aclara y prioriza tus metas

Empieza por acortar tu lista. Cuando tienes muchas metas y no las has priorizado, terminarán distrayéndote, lo cuál te llevará a que te frustres, pierdas tu enfoque y no logres ninguna de ellas. Haz una cosa a la vez. Ten claro el porqué de cada una de ellas. Cuando dudes, revisa tu lista de metas y esclarece tu mente antes de seguir; hacerlo te mantendrá siempre enfocado y comprometido con tus objetivos.

C. Haz un plan

Haz un plan realista de cómo vas a logarlo. También puedes hacer un mapa de sueños. En el mapa puedes poner fotos relacionadas con lo que quieres lograr. La mayoría de nosotros somos visuales y nuestro cerebro se motiva viendo imágenes.

Si tu meta es muy ambiciosa, divídela en etapas o metas más pequeñas y haz esto parte del plan. Por ejemplo, si quieres ser una estrella del fitness, lo primero que debes hacer es estar en forma y comer bien. Luego debes crear tus propias rutinas y empezar a darte a conocer. Completar cada parte de la meta te ayudará a seguir enfocado, evitando la frustración y el desgaste de ir tras una meta muy grande.

D. Mide tu progreso

Los resultados rápidos y fáciles no existen. No te apures. No te desesperes. Está dispuesto a trabajar por ello y siempre mide tu progreso poniéndote fechas de inicio y de terminación. Medir tu progreso le permitirá a tu mente ver que vas mejorando poco a poco. No se trata de llegar rápido, se trata de ser constante.

E. ¡Celebra y siempre sigue moviéndote hacia adelante!

Cada pequeño objetivo que alcances cuenta y debe ser celebrado. Es más, celebra el proceso y celébrate a ti mismo. Nuestro cerebro funciona bajo mecanismos de recompensa, nos lleva a repetir las acciones que nos causan placer, en las que somos buenos, y a dejar de lado las cosas en las que no. Celebrar cada paso es una manera de contrarrestar esto. Por último, recuerda que no importa que vayas lento siempre que no te detengas.

Lo más importante… ¡Cree en ti!

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