Siempre les hablo sobre la importancia de una buena alimentación pero esta vez les hablaré sobre cómo los pensamientos y las emociones son el alimento de nuestra mente. No solo somos lo que comemos, también somos los pensamientos y emociones que habitamos.

La calidad de nuestra vida no es más que el conjunto de emociones que vivimos día a día y momento a momento, por eso recuerda que la energía fluye hacia donde nos enfocamos y es eso lo que manifestamos. Como dijo Wayne Dyer: “Manifestamos lo que somos, no lo que queremos”. En materia de pensamientos y emociones las cosas no son tan claras porque existen fuerzas invisibles que desconocemos y que nos afectan en todo lo que hacemos hasta en nuestras experiencias, por eso es muy importante empezar a hacer conciencia sobre nuestro mundo interior y sobre quienes somos, nuestras motivaciones y el porqué de nuestros actos.

Una manera de empezar a hacer conciencia de esto es analizando nuestra actitud. En la vida hay demasiadas cosas que no podemos controlar, personas difíciles que enfrentar, desafíos, decepciones y situaciones que pueden derrumbar nuestras expectativas, pero SIEMPRE podemos controlar nuestra actitud. En cualquier situación puedo controlar en que me enfoco, el significado que le doy, las emociones  que surgen a raíz de ese significado y las acciones que tomo o no tomo. ¡Eso forja mi destino!

Puedo tener  problemas económicos o de salud y frente  ello mi primera reacción puede ser miedo, pánico, susto o angustia ¡Es es natural! Los seres humanos hemos sido diseñados para sobrevivir, no para ser exitosos. Pero luego de la reacción inicial la pregunta es ¿Hacia donde voy mentalmente? ¿Dios me está castigando o Dios me está desafiando? ¿Soy una víctima o soy un elegido? ¿He sido llamado para recorrer un camino en el que algo debo aprender?. Las respuestas, y las emociones que nacen de estas preguntas serán muy distintas y determinarán nuestras elecciones y al final determinarán la calidad de nuestra vida.

¡Actitud! Esa es la diferencia entre una persona común y un Nelson Mandela. Recuerda que cada uno de nuestros pensamientos tiene una consecuencia energética y que estos son la mamá y el papá de nuestras decisiones. Siempre que afrontes una situación que te haga salir de tu zona de confort, se conciente y pregúntate ¿En qué me voy a enfocar? ¿Qué significado le doy? ¿Como describiré lo que me está sucediendo? ¿Me parece terrible o interesante? ¿Es una tragedia o es una oportunidad para aprender y hacer algo nuevo? ¿Como me voy a sentir, paralizado, aterrado, retado? y finalmente ¿Qué haré al respecto, quejarme, llorar, nada, pelear, salir adelante? Siempre podemos elegir. Recuerden que somos esclavos de nuestras palabras y que nuestro lenguaje tiñe y le da significado a nuestra realidad. ¿Quieres sentirte mejor? ¿Quieres experimentar mejor calidad de emociones? Esta semana te invito que vigiles tus pensamientos, tus palabras y el significado que le das a las cosas.

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